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Mi hija desaparecida

La pérdida.

Me pasó hace años, pero lo recuerdo como si fuera ayer mismo.

Por aquel entonces, mi hija tenía cuatro años. Todas las mañanas la llevaba al autobús del colegio y pasábamos los días entre el desayuno perezoso y la cena interminable. Nos gustaba comer chocolate blanco y durante el verano discutíamos a ver quién de los dos nadaba peor en la piscina y a quién le daba menos miedo montarse en las atracciones de mayores.

Tenía una hija de cuatro años estupenda, no podía pedir nada más.

Pero un día de septiembre, al levantarme fui a su cuarto y no estaba. Mi hija de cuatro años había desaparecido. El golpe fue muy duro porque la noche anterior estaba ahí. Se me aceleró el corazón y busqué por toda la casa, pero no estaba.

Asustado, desperté a su hermano y los dos seguimos buscándola. Como estábamos muy nerviosos e hiperventilando, nos dio por inflar globos y muy pronto teníamos hinchados un gran número de ellos.

Volvimos a su cama y vimos que ella había un bulto. Soltamos los globos encima de la cama para tener las manos libres y su hermano y yo nos tiramos sobre el bulto.

Al notarnos encima, el bulto se movió y se despertó. La cara de felicidad de mi hija de cinco años apareció sonriente, mientras achuchándola le decíamos: “¡Feliz cumpleaños!”. En aquel momento supe que no volvería a estar nunca más con mi hija de cuatro años pero que seguro que nos iríamos adaptando a lo que viniera.

La enseñanza.

Siento si alguien se ha asustado con la historia. Lo que quiero decir con ella es que el cambio es inevitable y que hay cosas que van a pasar quieras o no quieras o por muy a gusto que esté todo el mundo en lo que se entiende como su zona de confort.

Solo por el mero paso del tiempo, la gente entra y sale de tu vida. Los objetivos cambian, los clientes van y vienen, las herramientas se transforman. Los proyectos por muy grandes o buenos que sean siempre se terminan y los equipos se deshacen de golpe o poco a poco.

Da las gracias por los buenos momentos, por lo aprendido y sigue con el próximo capítulo.

Y por cierto…

Desde ayer no encuentro a mi hija de once años. Creo que bruscamente tendré que acostumbrarme a tratar con mi “nueva” hija de doce y con todas las que vengan después cada septiembre.

 

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